Las llanuras azules del agua han marcado el paisaje de una forma espectacular en estas comarcas pacenses. Los embalses de Cijara, García Sola, Zújar, La Serena y Orellana, forman la mayor extensión de agua dulce conocida en la península. El paisaje, la naturaleza, incluso las costumbres de la gente se han visto alteradas en positivo. El agua endulza y añade hermosura a estos lugares que antaño fueron yermos y tierras de destierro.

Ahora eres Siberia, posiblemente antes fuiste las iberias (tierras de íberos). El que quiera encontrarte similitud con la estepa siberiana rusa, no podrá apoyar su pensamiento en las escasas nieves que produces en tus llanos infinitos, salvo que usando la imaginación, el manto frío lo adivine en la explosión de blancos producido por las flores de la jara en primavera.

La Serena, (la sirena), nombre que recuerda calma, olor a jara y a romero. Cuenta la leyenda que la mitológica criatura habitaba las aguas de la tabla de Tamborríos, cautivando con sus cantos a los imprudentes que se acercaban y morían seducidos por la hermosura de la legendaria imagen.

La imagen de la sirena figura desde 1583 en el escudo de Villanueva de la Serena. Se creé que su figura pudo ser traída como una parte del botín, por los navegantes villanovenses que en el siglo XVI, siguieron los pasos de Pedro de Valdivia y Hernán Cortés hacia América.

Seguro que en la actualidad la sirena continuaría creando leyenda en estos paisajes de azules, verdes y amarillos y sus atrayentes cánticos se trasladarían con el viento entre estas sierras y pueblos que miran al agua. Escritores extremeños como Justo Vila o cantautores como Pablo Guerrero sabrían plasmar en sus letras su belleza para siempre.

Cuentan las gentes y los escritos, que estos lugares fueron recorridos por pueblos que daban sentido mitológico a la aguas. Anas, Diosa tartessa que equivale a Río, puede ser el origen que da nombre al  río Guadiana, el introvertido, que aparece y desaparece jugando al escondite, pero siempre regalando senderos y riberas para que le siga el caminante.

A su paso por estas comarcas los Íberos, Romanos y Árabes han dejado un legado de historia, cultura y leyendas que dan fe de lo antiguo y la nobleza de estas tierras que hoy miran sin complejo su pasado y se abren orgullosas al futuro.


Los pueblos y su historia, la cultura, las tradiciones y la naturaleza cabalgan en libertad y armonía en estos parajes que alternan las inmensas llanuras con las sierras, la dehesa con los pastizales semi-esteparios que terminan entregándose a los humedales, hoy día reconocidos internacionalmente como los más importantes, equiparables a los de Doñana y a las Tablas de Daimiel.

La biodiversidad es única en flora y fauna. Aves emblemáticas como la cigüeña negra, el buitre y el águila han encontrado en estos lugares su medio habitual.

La llegada puntual de las grullas desde el norte europeo viajando miles de kilómetros, marca cada año el inicio del invierno. En las dehesas pobladas de encinas y en los humedales, encuentran sus dormideros y su alimento formando poblaciones que llegan a alcanzar los 50.000 ejemplares en la región. La vistosidad y elegancia de estas grandes aves, su estructura social y su integración en el entorno natural extremeño, es algo que siempre despierta admiración a aquellos que deciden observarlas desde los últimos días del otoño, hasta el comienzo de la primavera cuando emprenden el viaje de regreso hacia el norte.

La avutarda, (especie en peligro de extinción), un ave digna de observar en las llanuras de estas comarcas. Abril es el mes que marca su época de celo, los machos se agrupan para el cortejo realizando curiosos gestos y movimientos de cuello, alas y cola, hasta el punto de que al mirarlas, se podría incluso llegar a dudar de que se trata de un ave. En el invierno las avutardas se agrupan en grandes bandos que pueden superar más de un centenar de ejemplares. El macho puede alcanzar pesos de hasta 18 kilos y una altura de algo más de un metro. Las podemos encontrar en terrenos abiertos donde se practica el pastoreo, en estepas naturales, y en los cultivos de cereal y girasol. Al observarlas a lo lejos nos recuerdan pequeños rebaños de ovejas. Se ruega mirar, admirar y respetar.

Poblaciones de gaviotas,
entre ellas la risueña, rompen en nubes blancas el dorado cielo de los atardeceres en estos hermosos y espectaculares embalses. El ánade real, el ánade friso, el pato cuchara, el cormorán, la nutria, son también habitantes de estas aguas que te invitan al deporte de la pesca.

El barbo, la carpa, la boga, el bass, el lucio, son los habitantes que pueblan los fondos y reculas de estos embalses, a los que se ha añadido un nuevo inquilino de nombre alburno que a millares nos muestran sus lomos plateados en el embalse de Cijara.

Entre olivares empinados,
dehesas de encinas y alcornoques o bosques de pino y eucaliptos que se adentran en las sierras abriéndose camino entre la jara, tienen su lugar de residencia el jabalí y el ciervo. En septiembre es tiempo de berrea, los ciervos comienzan el celo. Es la mejor época para conocer a estos animales en pleno apogeo. Con un pelaje denso, pardo grisáceo en invierno y rojizo en verano, los ciervos ocupaban hasta principios de siglo la mayoría de los montes extremeños. En estas comarcas podemos encontrarlos en la reserva nacional de caza del Cijara y en Puerto Peña, donde también existe una importante concentración de buitres en los picos próximos al muro del embalse de García Sola.


Qué decir de esos pueblos de la Serena enlazados por llanuras y sierras, por tradiciones y piedras con historia:

Magacela, que debe su nombre tal vez a su origen romano “Magna Cella” (gran despensa). Aunque existen varias leyendas al respecto que contradicen esta definición.
Campanario, alcanzó en la Edad Media gran importancia histórica por pertenecer a la Orden de Alcántara y formar parte de la Real Dehesa de la Serena.
Quintana de la Serena, famosa población por su industria de extracción y tratamiento del granito.
Zalamea de la Serena, dólmenes de época megalítica y el famoso Santuario orientalizante de “Cancho Roano”. En época romana, fue conocida con el nombre de Iulipa, conservándose de este período un grandioso Dystilo de 25 metros de altura, monumento funerario romano único en España, declarado en 1931 Monumento Histórico.
Castuera, famosa por sus turrones y quesos; está situada en las cercanías de las Sierras del Pozón y los Pinos y fue el núcleo central de la llamada Real Dehesa de la Serena.
Helechal, cercana a la llamada Sierra de los Tiros con pinturas rupestres esquemáticas (patria chica de Justo Vila).
Cabeza del Buey, lindante con la prerromana Turobriga. Cerca del Puerto de la Nava se pueden visitar los restos de una estación termal de época romana.
Zarza Capilla, tiene en sus alrededores muestras de pinturas rupestres esquemáticas.
Peñalsordo, fundación medieval que perteneció a la Orden de Alcántara y que posteriormente se integraría en el Ducado de Osuna. Se conserva la antigua sede de La Encomienda.
Capilla, estuvo situada antaño en una encrucijada de vías naturales que unían las tierras extremeñas con las minas de Almadén y paso obligado de los rebaños de la Mesta en el siglo XIII.

Y la sensación de pasear por esos pueblos siberianos, unos empinados hacia el cerro desde el que miran al agua, otros extendidos por la siembras a pies de castillos como el de Puebla de Alcocer o el de Almorchón.

Orellana la Vieja, a orillas del embalse de su nombre, localidad que perteneciera al antiguo Señorío de Juan de la Cámara en el s. XIII y en la que se puede contemplar el que fuera Palacio-Castillo de los Beljida actualmente en reconstrucción. Invitamos al viajero a su acogedora Hospedería Castillo de Orellana y al excelente camping recientemente inaugurado a orillas del embalse.
Navalvillar de Pela, asentada en un llano y a los pies de Trasierra de Pela. Cerca de la población se pueden visitar los restos de la que fuera población romana de Lacipea. Tanto el Embalse de Orellana como la Sierra de Pela son espacios protegidos.
Casas de Don Pedro, posee unas magníficas muestras del mudéjar extremeño, destacando entre ellas La Iglesia de San Pedro.
Valdecaballeros, ya en las cercanías de la Sierra de la Chimenea entre hermosos encinares y monte bajo. Cobra fama en la región por su Balneario de Valdefernando, (importante centro termal), así como el Coto Regional de su zona.
Castilblanco, población ribereña en la que aún se pueden encontrar construcciones típicas de claras influencia árabes, sobre todo en los barrios denominados “Picocerro” y “Perchel”, donde abundan las fachadas blancas de casas con pequeñas ventanas y tejas árabes.
Helechosa de los Montes, situada sobre las estribaciones de la Sierra de la Rinconada, en una de las faldas de la Sierra de los Batanes, con un sorprendente paisaje serrano de gran belleza.
Villarta de los Montes, situada en una de las estribaciones de la Sierra de la Umbría, dentro de los Montes de Toledo y en el que destacan los parajes conocidos como el “Valle del Castañar”, por donde discurre el agua formando cascadas y los conocidos como “Hoces del Guadiana” y “El Robledillo”.
Fuenlabrada de los Montes, entre típicos paisajes de dehesa y monte bajo y muy cercana al llamado Paraje Natural de Robledillo.
Herrera del Duque, debe su nombre a que durante muchos años fue señorío de los Duques de Osuna, se pueden observar grandes casas solariegas con impresionantes fachadas de gran valor artístico.
Peloche, junto al Embalse de García Sola lugar ideal para los deportes de agua, localidad que a poca distancia tiene unas interesantes pinturas rupestres esquemáticas.
Talarrubias, en los límites del río Guadiana y del Zújar y cercana a las Sierras de los Golondrinos y de las Chimeneas con un patrimonio histórico-artístico de gran interés.
Siruela, ubicada en la umbría de la Sierra de Siruela y cerca del río con el mismo nombre. En época medieval Siruela fue conocida como Villanueva de Siruela.
Garlitos, perteneció durante siglos al Ducado de Benavente, está rodeada de paisajes de gran belleza y del cercano Embalse de la Serena.
El castillo de Puebla de Alcocer, una de las construcciones históricas más importantes de la Comarca de la Siberia, se divisa desde muchas poblaciones de esta zona, a sus pies, en la falda sur de la Sierra de Lares, Esparragosa de Lares, que perteneció durante un tiempo a la Orden del Temple y por cuyas tierras pasaban los rebaños de las Mestas.
Galizuela, pequeña población que perteneciera durante siglos a la Encomienda de la Orden de Alcántara.

Serena y Siberia, Iberia y Sirena, tanto monta, lugares para recrear los sentidos, para llenarse de silencios, para aprender a querer lo natural, para descubrir la nobleza de sus gentes, para dejar el tiempo aparcado en la cuneta y respirar.....
PSA.




Embalse de Orellana


Ermita de Belén


Canal de las Dehesas


Castillo de la Puebla


Siruela


Talarrubias


Virgen de Piedraescrita


Cigüeñas


Castillo de Magacela


Cogolludo