Extremadura
entra en la Edad Contemporánea con la llamada "guerra
de las naranjas" contra los portugueses, en 1801, que
hace que Olivenza pase a dominio español.
Siete años
después comienza en España
la Guerra de la Independencia contra los franceses, que
en diciembre de 1808 entran en Trujillo y en marzo de 1809
conquistan Badajoz. En mayo de ese mismo año tiene
lugar en La Albuera una de las batallas más decisivas
en la que los españoles, con ayuda de Inglaterra
y Portugal, logran la victoria.
En 1833, Extremadura pasa a estar formada por las dos provincias
actuales: Cáceres al norte y Badajoz al sur.
La situación
de los agricultores en el siglo XIX, lejos de mejorar, empeora.
La gran mayoría de las tierras está en manos
de unos pocos (latifundios), por lo que la mayor parte de
la población debe trabajar en tierras arrendadas
o como jornaleros.
Lo mismo
le ocurre a la ganadería extremeña, en poder
de los nobles, que son los dueños de los grandes
rebaños ovinos trashumantes.
Todo esto hace que muchos extremeños, tengan que
emigrar de la región hacia América o hacia
otras regiones españolas.
En el siglo XX se inicia un ligero desarrollo de la agricultura
con la aparición de nuevos cultivos (como la patata),
al aprovechamiento de los barbechos para sembrar en ellos
leguminosas, al aumento de las tierras de cultivo (la Mesta
ya ha desaparecido) y a la introducción de grandes
zonas de regadíos en la segunda mitad del siglo.
A pesar de las
mejoras, durante las décadas
de los 50 y 60 nuevamente miles de extremeños se
ven forzados a emigrar, principalmente a países europeos
o a las regiones españolas de Madrid, Cataluña
y el País Vasco.
La industria extremeña es casi inexistente durante
el siglo XIX y la mayor parte del XX, limitándose
a pequeños talleres artesanales que trabajan para
la localidad o a lo sumo para la comarca.
En 1980
se elaboró el primer borrador del Estatuto de Autonomía
y desde el 25 de febrero de 1983, los extremeños
y extremeñas gozan de Autonomía. Mérida
pasa a ser la capital de la Comunidad.
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