70.000-40.000
A. de C.
En esta época, los habitantes de las tierras que hoy conforman
el territorio extremeño, eran cazadores y recolectores
nómadas o seminómadas.
En diferentes lugares encontramos pinturas rupestres sencillas.
Mención especial merecen las pinturas de la cueva de Maltravieso
(Cáceres) y los instrumentos de piedra tallada, destacando
los recuperados en los alrededores de Mérida y a orillas
del río Alagón.
40.000 - 1.000 A. de
C.
Aparece la agricultura y la ganadería y con ellas
los primeros poblados estables.
De esta época son los monumentos funerarios que reciben
el nombre de dólmenes, como los de Lácara o los
distribuidos por los alrededores de Valencia de Alcántara,
así como abundantes pinturas rupestres repartidas por la
mayoría de las sierras extremeñas.
1.000 - 200 A. de C.
En esta época se comercia con metales y llegan desde las
costas andaluzas del Atlántico los tartesos, con una cultura
muy avanzada.
Los tartesos eran artistas y orfebres. Se han encontrado magníficas
piezas suyas, como el Tesoro de Aliseda, copas y jarros de bronce
(como el de Siruela) y estelas con inscripciones que hasta ahora
no se han podido descifrar. También fenicios y griegos,
trajeron hasta nuestras tierras productos del otro lado del Mediterráneo.
Cuando los tartesos desaparecen, llega a esta zona de la Península
la cultura de los pueblos situados más al norte, los celtas.
De una mezcolanza entre la cultura tartésica y la celta
van a surgir los llamados pueblos prerromanos, entre ellos los
vetones, turdetanos y lusitanos. Todos estos pueblos, que vivían
en castros dedicados a la agricultura y a la ganadería,
fueron desapareciendo con la llegada de los romanos y la imposición
de sus costumbres.
