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Andar
Extremadura
Andarte, fundirme contigo en tus arroyos,
piornales y trochas me cuesta nada.
Has logrado levantarte de la siesta animada por chicharras y guardado
en el baúl el traje negro. Ahora miras orgullosa con un guiño
de complicidad hacia esas manos que han sumado sueños, unido
esfuerzos y puesto flores donde había desierto. Manos que
han volcado alegría en el lugar en el que se posaba la tristeza.
Tu historia está ahí, sin complejos, cuando te olvidaron
y explotaron, cuando pasearon por tus tierras pueblos y culturas
llenándote de mestizaje y de leyendas, cuando te conquistaron
y reconquistaron. Siempre has estado ahí, pero ahora ocupas
un espacio imposible de eludir, impensable de mirar hacia otro lado.
Tus brazos han crecido, se han hecho fuertes para abrir puertas
y dar bienvenidas llenas de cerezos, que crecen hacia el cielo inundándolo
todo. Castaños, encinas y robles milenarios hunden sus raíces
para ahogar recuerdos negros y dar sombra hospitalaria al caminante.
Andar
el norte extremeño
para descubrir el encanto de las
Hurdes y la Sierra
de Gata, pasear el Valle
del Ambroz y conocer su historia unida a la Vía
de la Plata, ver la explosión de color de los cerezos
en el Valle del Jerte,
disfrutar del agua y el microclima de La
Vera, conocer el Valle de Alagón,
los Ibores y las
Villuercas. Bajar hacia el sur adentrándote en la
Siberia y sus costas de agua dulce, andar por las llanuras de
la Serena y conocer
los pintorescos pueblos que se asoman al embalse de la Serena, acercarte
a la Tierra de Barros
y la Sierra Grande.
El caminante
siempre encontrará en Extremadura rutas
llenas de historia donde la naturaleza cabalga en libertad.
psa
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